Unai de Gramont 7 Domingo, Jul 20 2008
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Montserrat desde Sant Pedor por Cesc Ginestá cescginesta@gmail.com
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Gracies Cesc per la teva obra d’art



Leí aquella carta sin poder apartar la mirada ni un instante del papel
Si lo hubiera hecho en voz alta me hubiera quedado sin aliento.
Devoré cada párrafo, cada línea, cada letra embriagada por la belleza del sentimiento de aquel hombre.
Hubiera deseado que esa carta fuera para mí.
La leí varias veces, intentando imaginar la faz de enamorado, que desataba con maestría su sentir con una pluma.
¿Qué edad tendría el tal Unai? ¿Cómo fue a parar esa carta a la biblioteca?
¿Dónde estaba la tal Christine?
Se abrió la puerta de la habitación.
No se por qué no dominé el impulso de guardarme la carta y la escondí en uno de los bolsillos de mi guardapolvo.
El padre Oriol apareció sonriente, con la tranquilidad que transmite un monje y me anunció que ya era la hora de marchar.
Se interesó por mi trabajo y me dijo que avanzara despacio pero con gusto y precisión, que no había prisa.
En aquella abadía lo que mas sobraba era tiempo. Los libros descansaban sobre las mesas durante décadas esperando ser catalogados.
Caminamos de nuevo atravesando la biblioteca entre la majestuosidad de sus estanterías hasta salir al exterior.
Allí me esperaban en un coche de caballos un matrimonio de Monistrol que trabajaba en la abadía para los monjes y con los que cada día haría el trayecto de subida y bajada a la montaña.
Contemplaba las peñas de Montserrat con el pensamiento ausente. Esas peñas cargadas de magia, únicas como diseñadas por un escultor.
Montserrat no pasa inadvertida a los ojos del caminante. Sus formas absorben los pensamientos de quien las mira.
Durante el camino no dejaba de pensar en la carta de Unai de Gramont.
En ese gran amor que sentía por Christine.
Como me gustaría poder ser amada de esa manera, con esa pasión.
¿Qué debe ser de sus vidas?
Bajé del coche. Me despedí de Joan y Margarida hasta el día siguiente y abrí la puerta de mi casa.
Sin perder un momento busque la carta de Unaí y volví a leerla.
“Amada Christine, pensaba en vos, cuando me detuve a beber el agua de esa fuente donde nace nuestro amor y la vida. He sentido necesidad de mirar el reflejo y contemplar, una vez más, los recuerdos de sus miradas….”
General 9:10 pm
Amada Christine, pensaba en vos, cuando me detuve a beber el agua de esa fuente donde nace nuestro amor y la vida. He sentido necesidad de mirar el reflejo y contemplar, una vez más, los recuerdos de sus miradas.
Los seres humanos no debemos ser egoístas con nuestro amor con nuestro querer. Porque, amada mía, pienso que el vulgo tiene derecho a disfrutar de nuestros murmullos, de absorber toda esa pasión que derramamos en nuestras citas, sentir cada letra que escribo como suya.
Quiero que sepan, señores, que Christina es la dama que pinta con palabras mis pasos; las dibuja y colorea con un azul intenso que sólo sabe ella mezclar, que no es más que el reflejo de su hermosura.
Riegue usted, si le place, con besos rojos las flores sembradas en cada posesión, en cada vuelo de de nuestro amor. Sé que mis labios quedaron grabados en la brillantez de su piel desnuda, tan desnuda como el alma y como mi cuerpo en la mañana. Escribo mal su idioma, pero es que el sólo pensarle anula cualquier vestigio de raciocinio.
La amo, señora, qué más puedo decirle que ya no haya escuchado de este ser que la adora. Aumenta todas las mañanas la pasión y el delirio por tenerla. La amo, usted lo sabe, y sufro por amarla de ese modo, pero no me importa, porque por usted vale la pena el sacrificio… permítame entonces sufrir por los dos.
Empeñado estoy en desandar los pasos para caminar a su lado, como desandan mis ojos al recorrer cada centímetro de su cuerpo, emocionándome en cada jadeo suyo…
Amada Christina no abrigo temor alguno, ya no temo a nada, porque sus labios son el fuego que aviva la hoguera de mi pasión, como si fuego fueran.
Las estrellas, no tienen espacio ante su presencia, y sienten envidia… por eso se esconden avergonzadas cuando vienes hacia mí por la noche, y nos amamos locamente.
Te espero desesperadamente, para besarte y abrazarte, no tardes que me duele el esperar.
General 7:34 pm

Deperté con el canto del gallo como siempre, pero hoy todo despuntaba de otro color.
Hoy empezaba mi trabajo en la biblioteca de Montserrat.
Me asee, y me vestí discretamente, y muy puntual apareció el padre Climent con su cochecito de caballos para acompañarme al monasterio y presentarme a el encargado de la biblioteca.
Me era imposible reprimir mi entusiasmo y no cesaba de agradecer al padre Climent que hubiera pensado en mi y además hubiera defendido mi candidatura, incluso ignorándolo yo. No era muy habitual la presencia de una mujer en un monasterio de clérigos. Seguro le tocó pelearlo.
El era un apasionado de la lectura igual que yo y sabía a ciencia cierta que nada podría hacerme mas féliz que el trabajar entre libros. Ambos somos ratones de biblioteca.
Llegamos a la plaza del Monsasterio y nos dirigimos al interior del mismo. Nos recibió el padre Oriol, el que sería mi director por decirlo de alguna forma.
El padre Oriol era un hombre mayor de unos sesenta años, Se le adivinaba con poca vista ya, seguramente quemada de tanto fijarla sobre los manuscritos.
Con talante amable, nos condujo por los pasillos hasta entrar a la biblioteca. Se me antojó que entraba a la gruta de un tesoro. Cientos de libros se agolpaban en los estantes viejos.
El padre Oriol me fue explicando pormenores de la historia de la biblioteca de Montserrat.
-Desde la fundación del monasterio, en el siglo XI, hay constancia de la existencia de obras manuscritas y, desde el siglo XII, Montserrat pasa a tener su propio scriptorium, muy activo en los siglos XIV y XV.
La inauguración de un taller tipográfico en Montserrat, promovido por el Abad Cisneros en el año 1499, favoreció la difusión cultural del monasterio…
Lo cierto es que la historia aunque importante no era el mayor atractivo de ese lugar.
La vista de tanto libro me inundo de gozo.
Caminando entre las estanterias llenas de polvo llegamos a una estancia enorme.
En esa estancia se encontraban varias mesas de tamaño considerable y en ellas se amontonaban cientos de libros, manuscritos y documentos por catalogar.
El padre Oriol me confirmó que catalogar y poner orden en ese desaguisado iba a ser mi cometido y la verdad que después de pasada la primera impresión del tremendo desbarajuste literario que alli reinaba, sentí una excitación ante el reto de lo mas interesante.
Acto seguido el padre Oriol nos llevó a su despacho y allí nos ofrecio un vaso de leche caliente. Lo cierto es que el padre Oriol era de lo mas educado y agradable. Cada minuto que pasaba allí sentía que iba a encontrarme como en mi propia casa.
Mas tarde cuando el padre Climent ya se marchó, el padre Oriol me acompañó a la estancia del desorden y tras darme una serie de indicaciones me dejó sola.
Me detube a contemplar la enormidad de aquella sala, y la magnitud de la tarea que allí me esperaba. Por un segundo sentí pánico, pero me pasó rápidamente y me puse manos a la obra.
Empecé por separar libros , de documentos.
Lo cierto es que espacio de movimiento me sobraba, y así empecé a caminar de un lado a otro separando los temas por grosor se podría decir.
En medio de todo este trasiego de papeles cayeron al suelo unos cuantos documentos manuscritos.
Me acerqué a recogerlos del suelo.
Dos de ellos me llamaron la atención por la excelente caligrafía del escrito.
Así que reparé en ellos mas detenidamente.
Empecé a leer uno de ellos. Primero fue curiosidad y seguí leyendo porque el contenido del manuscrito despertaba emociones en mi.
Era una carta de amor. Una carta de amor de un conde a su dama. Solo un hombre profundamente enamorado podía escribir un texto semejante, lleno de ternura, amor, delicadeza.
El conde de Gramont escribía a su amada Christine …….
General 4:30 pm

Caminé hacia el altar como una autómata, con la mente en blanco.
Como quien se siente obligada a hacer algo que en realidad le es indiferente y que no precisa.
Hay que seguir la tradición, la costumbre y lo bien visto es asistir a la misa y tomar la comunión.
Me siento bajo las miradas de la gente. Siempre justificándome ante gente que no es nada mío.
El ser soltera, joven y vivir sola les resulta inquietante. Algo como el no comulgar en domingo sería la catapulta de un sinfín de especulaciones.
Así que a comulgar se ha dicho. No tengo nada que esconder, tampoco nada que confesar, no creo estar en pecado, sin embargo no siento la necesidad de tomar ese sacramento aunque mi fe en Dios es indiscutible.
Regresé al banco junto a mi familia. Íbamos sentándonos uno a uno según volvíamos del altar tras tomar la comunión.
La misa ya casi finaliza afortunadamente. Nos damos la paz. Vamos saliendo al exterior.
Los típicos saludos de cortesía se suceden entre los habitantes del pueblo.
El padre Climent insiste en que espere que tiene que hablarme de algo interesante. Así que les digo a mis familiares que vayan para casa que yo me reúno con ellos en cuanto el padre me diga lo que sea.
El padre Climent es un hombre de unos 50 años.
Aunque quedo como cura de pueblo es una persona con estudios, proveniente de una familia de clase media de Barcelona. Quizás por eso nos entendemos tan bien. Ambos sufrimos la pérdida de nuestra maravillosa ciudad y sufrimos con resignación la paz del campo.
Ignoro los motivos por los que le asignaron la iglesia de Monistrol, pero si se que antes estaba en la abadía y trabajaba en la biblioteca.
Desde que llegué a este pueblo con la edad de once años, el padre Climent ha sido la persona mas agradable que encontré. Una de las pocas con las que disfruto conversando. El tema de los libros nos une y para decir verdad, en este pueblo agrícola la literatura mueve poco interés entre la población.
Ya solo quedamos nosotros dos a la salida de la ermita de Santa Cecilia. Que bien suenan los trinos de los pájaros en primavera y que bien lucen los árboles frutales.
Casi no puedo creer lo que me está diciendo el padre Climent. Se que soy exagerada pero esto se parece mucho a un milagro si consideramos que en este lugar nunca me pasó nada importante.
La espera mereció la pena. Realmente el padre me hizo una propuesta magnífica que jamás hubiera imaginado.
En la biblioteca de la abadía de Montserrat precisan una asistente que les ayude en la catalogación y clasificación de varios manuscritos y el padre Climent pensó que dado mi interés por la literatura yo era la persona ideal para esa tarea y los monjes de Montserrat conocedores de mi familia no pusieron objeción.
Me parece que esta es la propuesta más excitante que me han hecho en los últimos años.
La perspectiva de poder andar entre los libros de Montserrat me encanta. Sin titubear acepte la oferta y me comprometí a subir a la biblioteca al día siguiente. Reprimí los deseos de saltar a su cuello y besarle. Soy una señorita, pero de verdad que me hubiera gustado hacerlo.
Por fin tenía la excusa perfecta para alejarme de casa de mis hermanas y de todas esas tareas que no me incumben y que me fastidian.
Parece que mi suerte cambia. Este domingo finalmente no va a ser como todos los demás.
Ni el polvo del camino me molesta hoy. Levito entre las piedras del camino.
Caminaba hacia casa de mi hermana con una sonrisa escondida. Parece que iba a salir de las tareas domésticas para mezclarme con gente con una formación cultural respetable, aunque fueran monjes.
Por fin un ambiente de paz y silencio, lejos del griterío de los hijos de mis hermanas a los que adoro pero que en grandes dosis me atacan la psiquis.
Crucé la puerta y deje de reprimir la sonrisa y con gran entusiasmo les di la noticia a todos los presentes. Siento desencajada la mandíbula, esta sonrisa no me deja cerrar la boca. Estoy contenta, y no puedo disimularlo.
Las reacciones no se dejaron esperar. Las hubo de todos los colores.
Mientras que mis hermanas se alegraron, parece que a mis cuñados no les causo tanta gracia. En estos tiempos el que una mujer tenga una formación cultural considerable es perjudicial, sobretodo a la hora de buscar marido.
El que trabaje fuera del seno familiar, de las tareas domésticas propias de mujeres ya casi es considerado un problema y tema delicado.
En fin, tras escuchar múltiples consideraciones y opiniones de lo más variopinto, sobre el que dirán, alegué que había tomado una decisión y que no había nada que temer pues me hallaría entre hombres santos.
Como saben de mi testarudez, finalmente dejaron de intentar convencerme sobre lo inconveniente de salir de las labores familiares y claudicaron. Dijeron amen y alabado sea Dios.
Me parece que hasta la comida sabía mas deliciosa este domingo. Hace tiempo que no tengo un motivo de alegrarme como el que me dio mi buen padre Climent.
Salimos al jardín a tomar el café y a disfrutar de la brisa de la primavera.
Que armoniosos suenan los trinos de las golondrinas.
Las flores de azar dejan ya sentir su aroma, parece que todo hoy es más bonito….
General 6:41 pm

Los gallos del pueblo me han despertado como todos las mañanas.
Esos bichos no respetan ni el día del Señor.
En fin, no me queda otra más que levantarme.
Es imposible no asistir a la misa del domingo, sería imperdonable y poco conveniente.
La verdad es que no tengo un gran interés por la religión pero solo por complacer al padre Climent, que tanto se ha preocupado por mí, me siento en la obligación.
Además si no acudiera a misa seguro que mi ausencia se notaría.
En un pueblo como este donde nunca pasa nada extraño, la enfermedad de un vecino es un acontecimiento que genera el “chafarderío” y visitas inoportunas.
Antes de tener que aguantar eso, voy a la misa a rastras aunque esté a 40 de fiebre.
Aun recuerdo cuando murieron mis padres y mi tía me acompañó desde Barcelona a Monistrol, para dejarme bajo la tutela de mis hermanas.
La expectación entre el vecindario rozaba lo escandaloso.
Los comentarios que hacían al respecto eran “pobre niña, tan pequeña y sin padres”. No era de lástima ni mucho menos.
Lo que mueve a esta gente siempre es la curiosidad. La insana curiosidad por saber en que forma se había repartido nuestra herencia.
La curiosidad por saber el destino de la criatura huérfana en cuestión, para después poder generar un mar de comentarios malintencionados. En definitiva solo les mueve el chisme.
Lo cierto es que la gente habla porque le sale gratis.
Si mi condición social fuera la de campesina humilde, no hubiera habido ninguna compasión, por el contrario me habrían hecho sentir el desprecio compasivo y después se aprovecharían de la situación de desamparo y me explotarían, bajo un disfraz de almas caritativas que acogen a una criatura.
Terminé de arreglar mi habitación y de asearme.
Abrí mi armario y separe mi vestido color marfil, con la mantilla a juego y los dejé sobre la cama.
Aunque solo es primavera, ya se nota la llegada del buen tiempo. Corre una brisa calida al medio día, que viene a desterrar esa sensación fría de soledad del invierno.
Me vestí y recogi mis cabellos en un moño y con un alfiler sujeté a el la mantilla.
Cerré la puerta tras de mi y caminé por la calle polvorienta hasta la iglesia del pueblo.
Se veía poca gente. Solo la familia de Vicens y Carmeta de la guarnicionería y el padre Climent como siempre en la puerta esperando para saludar a todos sus feligreses.
El padre Climent es una excelente persona. Mas que un confesor para mi siempre fue un amigo. Siempre tiene esa palabra de aliento que nos hace falta cuando el mundo se derrumba bajo nuestros pies.
Persona cultivada, gran aficionado a la lectura, siempre dispuesto a intercambiar y prestarme libros.
Su vinculación a la abadía de Montserrat le da acceso a su biblioteca y yo soy beneficiaria a posteriori de ese privilegio.
Nos saludamos y entro en la iglesia, así evito todas esas salutaciones de cumplimiento a la entrada. Con saludar a la salida cumplo, aunque quizás me libre porque el padre Climent dice que me espere después de la misa que tenemos que hablar de algo importante. A saber.
Escucho el sermon mientras contemplo el interior de la ermita de Santa Cecilia. Ni se de que está hablando hoy.
Me pierdo en la contemplación de sus piedras tan austeras y de su imagen. Es muy linda pero que triste y fría me parece.
Vivir a la sombra de Montserrat es como vivir a la sombra de un gigante, sin horizonte, sin vista en la lejanía, sin mar, sin olas que rompan la monotonía.
Que poco me gusta vivir en el interior y cuanto añoro mi Barcelona y su mar…
General Add new tag 9:11 pm
El tiempo transcurría con lentitud en Monistrol.
Parecía que nunca ocurría nada.
La muerte de mis padres por la epidemia me dejó prácticamente desamparada a la edad de 11 años.
Esa desgracia me obligó a abandonar mi querida Barcelona y trasladarme a una casa que tenía la familia en Monistrol, para poder vivir cerca de mis dos hermanas mayores y sus familias.
Aunque vivía en la casa familiar de veraneo que nos dejaron nuestros padres, con los años me había convertido en una especie de sirvienta de mis hermanas mayores, con la categoría familiar de ser una semi recogida, pero en la práctica una sirvienta y una niñera gratis.
Reviso lo que es mi vida actual y me doy cuenta que trabajo duramente, sin un objetivo mas que el de ver pasar los días y tener un poco de compañía en casa de mis hermanas, donde a parte de eso no hago mas que trabajar para sus familias respectivas, no obtengo mas que un plato de comida, y el mantener una honorabilidad.
Una honorabilidad difícil de mantener en un pueblo siendo una mujer de quince años, huérfana y que vive sola por testarudez, ya que mis hermanas lo que pretenden es que me vaya de la casa familiar a su casa, para así poder cobrar su herencia sin remordimientos.
Seguramente después cuando haya pasado algo mas de tiempo y cumpla los 16, pretenderán que me case con alguno de los campesinos ricos de la región, con algún heredero, al puro estilo catalán, al estilo del negocio y de la cohesión de tierras. Francamente esa idea me pone mal.
Nuestra condición social de andar algo mas por encima de los campesinos del pueblo pero sin ser de alta cuna, nos deja un tanto perdidos en el lugar que debemos ocupar. Así servimos para trabajar en el campo, la casa o en un momento dado ocupar el mismo lugar que el alcalde, el medico o el cura del pueblo en una fiesta o en cualquier acto social.
Yo quisiera enamorarme, casarme con ese príncipe de los cuentos y convertirme en la princesa de labios de fresa. Creo que mi padre jamás debió enseñarme a leer.
El leer abre la perspectiva de soñar y para mi esos sueños son inalcanzables.
En la práctica en esta sociedad y lugar en que vivo, el saber, el poder pensar es una desventaja. Pone casi imposible el poder ser feliz.
Se que mis hermanas me quieren, pero la presencia sus maridos que las presionan, hacen que se pasen el tiempo intentando convencerme de que me vaya a vivir con ellas y vendamos la casa y los campos. Eso les daría un buen dinero, a mi una dote para el casamiento y yo ya quedaría enteramente bajo su tutela, y probablemente bajo su yugo.
Pero si ahora abusan y me llenan de trabajo sin vivir en su casa no se que ocurriría si dependo totalmente de ellos.
Ganaría en seguridad y compañía pero creo que nada más. El precio de esta compañía es muy alto. Es casi como vender el alma al diablo.
Y esto no deja de ser un pensamiento lógico, pues el estar sola en esta casa, me pone en peligro cada hora que pasa, sobretodo en las noches.
En la noche me despierto varias veces. En la oscuridad camino hacia la ventana. Adivino fuera sombras que no existen y siento frío y miedo.
Me convenzo de que no hay nada en el exterior y regreso al lecho, pero al tiempo vuelvo a estremecerme de temor y regreso a mirar por la ventana.
Ser una mujer sola y joven en estos tiempos donde el viento de la guerra cada día se hace mas presente es una apuesta con un casi seguro final dramático.
Las noticias que llegan del norte cada vez son más inquietantes. Las hordas napoleónicas no cesan en su avance…
General 6:37 pm
Cristina de Gramont , era la última de tres hermanas de una familia catalana e ingresó en el convento de Montserrat, tras dejar su ciudad natal, a los once años, donde pasó el resto de sus días hasta que se enamoro.
La historia empieza por algunas cartas que Cristina escribe a su conde y las respuestas del mismo enamorado. S
u nombre está ligado a un capitán de la caballería francesa, conde de Gramont que había participado en el asedio de una fortificación española.
La historia que había unido a ambos personajes nada tiene de particular: Cristina había sido seducida por el conde y éste, enamorado, partió para Francia donde empezó esta aventura de amor que se pasa a narrar.
General 10:57 pm
Mi mirada te grita
Apagada tras un velo humedo
De lágrimas confundidas
Que no entienden si rien o sufren
Mis ojos no distinguen
Si estan felices por poderte ver o
Derraman su dolor por no tenerte
Mi mirada grita a tu mirar
que me acaricia tiernamente
En la oscuridad de la noche
Y Te dice que te amo, que te deseo
Por no poder gritarle al mundo
con mi alma huerfana y mis pies de plomo
que me sujetan al suelo y me impiden ir a ti
Y te espero en mi almena colgante
Suspendida entre el miedo y el deseo
Donde me sumerjo en pasiones
En miedos,en mil emociones
Donde rio, lloro y te amo